Erase una vez en un pueblo pequeño, de un lejano país, que vivía un dragón con un poco de mal genio, y que se pasaba el día quemando huertos, casas y todo lo que encontraba a su paso, con el fuego de su nariz.
En ese pueblo tenían un problema que llovía muy poco, y la poco agua que tenían, la gastaban en apagar incendios del dragón. Como ya empezaban a tener sed, decidieron reunirse para buscar una solución.
Tuvieron la idea de preparar una tonelada de helado con las fresas de sus huertos y dárselo al dragón, que era un tragón, para que se la comiera, y se le apagara el fuego para siempre.
Así lo hicieron y lo consiguieron. Nunca más faltó el agua en ese pueblo, porque sus habitantes sabían que
EL AGUA ES MUY
NECESARIA
Y HAY QUE SABER
CUIDARLA
FIN